
la Cuarta expedición de su segunda campaña, en el año 1792. En esta Cuarta expedición, que se inició en Valencia el 22 de agosto y concluyó en Vilafamés el 3 de octubre, Cavanilles recorrió gran parte de las cuencas de los ríos Turia, Palancia y Millars en poco más de un mes. Subiendo la cuenca del Turia recorrió la comarca de Los Serranos y el Rincón de Ademuz, y a la vuelta, dirigiéndose hacia Segorbe y la cuenca del Palancia, pasó por Alcublas: el día 6 de septiembre salió de Aras y, pasando por Alpuente, La Yesa, La Pobleta y Andilla, llegó a Alcublas, donde pasó la noche, antes de partir el día 7 hacia la Cueva Santa y Segorbe.
Hemos de destacar la gran capacidad de observación y síntesis que se aprecia en los textos de Cavanilles: al hablar de Alcublas, en unas pocas líneas, describe perfectamente la economía local y sus peculiaridades, traza un perfecto croquis de la problemática socio-económica del pueblo, e incluso propone medidas para solucionar en parte esos problemas. Algunos de los elementos que con el tiempo se convertirían en tópicos de la población o algunos de los problemas que han pervivido a través del tiempo y han marcado la vida local, como la sequía, el mármol, lo reducido del término municipal, o el bandolerismo, aparecen descritos por Cavanilles de forma muy directa.Sobre el mármol de Alcublas, aunque ya lo nombra al hablar de la iglesia de Andilla (pág. 81, párrafo 112), hace una descripción del tipo de mineral, la ubicación de la cantera y el modo de explotación de la misma (pág. 82, párrafo 112), algo muy acorde con su interés por la geología, que le hizo recoger frecuentemente muestras de minerales para su estudio posterior, y con los fines de catalogación de recursos económicos de sus viajes:
“(…) por fortuna quedan hacia el sur y sureste varias hondonadas al abrigo del norte, cuya atmósfera benigna permite gran número de producciones: tal es el recinto de Oset, abundante en delicados higos, y los campos que siguen hasta Alcublas. Vense con freqüencia fragmentos marmóreos, y las peñas que se descubren son de mármol negro: distínguese entre ellos el conocido con el nombre de Alcublas, que es negro tirando al pardo, sin manchas ni venitas blancas, como son regularmente los de aquellos montes hasta Segorbe. Hállase la cantera abierta en un montecito al norte de Alcublas en bancos casi horizontales; dista como un quarto de legua de la población, y aunque no se ve comunicación sensible entre ella y las lomas calizas que sirven de cimiento a las casas de Alcublas, no hay duda que la hay subterránea. En casi todos los edificios del pueblo se ven sillares o cantos de mármol negro, porque esta es la piedra de los alrededores”.
Luego, en el mismo párrafo y página, prosigue con la información sobre la población y economía locales (con los datos que probablemente le remitió a posteriori por carta su contacto en la localidad):“(…)Viven en Alcublas 437 vecinos, buena parte de ellos aumentados en el siglo actual, lo que debe atribuirse a su aplicación, y al cuidado con que cultivan la tierra. Poseen un término reducido, incapaz de alimentarles, y por eso salen a beneficiar mucha parte de los de Andilla y Liria, resultándoles una cantidad considerable de frutos, que son 1300 cahices de trigo, 1000 de cebada, 200 de avena, 1000 arrobas de higos, 6000 de algarrobas, 600 de aceyte, y 100000 cántaros de vino. Es lástima que hombres tan aplicados no perciban todo el fruto de sus sudores, y que los holgazanes y rateros les roben parte de las cosechas. –muchos, voluntariamente ociosos, que viven en los montes comarcanos a Liria, talan los campos de andilla y de Alcublas con tal osadía, que armados y en número cometen los robos a vista y presencia del verdadero dueño. Si tal vez son sorprehendidos y castigados, vueltos del destierro renuevan sus maldades, y en una noche cortan las cepas y los árboles, quitando al propietario las esperanzas de nuevos frutos, y hasta los deseos de replantar lo que destruyó el hacha. Si tuviéramos en España un cuerpo de Guardias, semejante en facultades y objeto al que llamaban en Francia Maréchaussée, no se verían tantos robos ni salteadores de camino”.
Este párrafo resulta de gran interés para conocer la producción agrícola local, tanto en lo relativo a cantidad de producción, como a la variedad de cultivos (trigo, cebada, avena, higos, algarrobas, aceite y vino eran los principales cultivos), pero al mismo tiempo sorprende la ausencia de referencias a la ganadería en una localidad donde nos consta tenía una cierta importancia. Por último incide en el problema del bandolerismo, pero proponiendo soluciones, con una perspectiva muy propia de un hombre ilustrado.
En cuanto a la descripción del territorio, ya al llegar desde Andilla había descrito las tierras de esta parte resaltando la omnipresencia de la vid (Página 81, párrafo 111: “En general el suelo es feraz aunque gredoso, y en partes sembrado de cascajo, que conserva la humedad, y defiende del calor los campos. De esta naturaleza es la dilatada extensión que yace entre Oset y Alcublas, ondeada por lomas, donde se ve un viñedo quanto alcanza la vista.”). Para completar la visión sobre la economía local, Cavanilles indica más adelante (pág. 83, párrafo 114):
“Las cercanías orientales de Alcublas están enteramente cultivadas por más de media hora, donde se ven hermosos sembrados y viñedos: no pueden subsistir en aquel clima olivos ni algarrobos; pero tal vez prosperarían los almendros, que debieran introducirse, como ya se ha hecho en sitios ásperos y destemplados. Cesa el cultivo de todo punto hacia el oriente, y empieza la aspereza, la soledad y el grupo montuoso, en cuyo centro está la Cuevasanta”.
No deja de sorprender el aspecto actual de esta zona oriental, donde predominan los campos de almendros, entonces inexistentes… En cuanto al problema del agua, cuando en la página 83, párrafo 113, Cavanilles habla de Canales y del riachuelo que desde allí va a Bejís, indica:
“Si a lo menos este corto riachuelo pasase por Alcublas, sus vecinos remediarían la suma escasez de aguas que suelen padecer en verano, reducidos a la única fuente que nace en la raíz del cerro marmóreo ya descrito, cuyas aguas conducen por una mina de mampostería; pero escasean tanto en tiempo de calores, que nadie puede entonces tomarlas aun para el consumo de su familia sino a presencia de alguno del gobierno, por su turno y en cantidad determinada”.
Para terminar de hablar de esta obra, decir que las “Observaciones…” es la obra científica que en más ocasiones se ha editado en Valencia y por la que es conocido a nivel más popular, pero sin embargo es en su faceta como botánico en la que más conocido fue en su época en los círculos científicos europeos, y por la que aún hoy sigue siendo conocido a nivel mundial. En cualquier caso, se trata de una obra de recomendable lectura y, puestos a elegir, os recomiendo la magnífica edición que realizó Bancaja hace ya unos años y que tendréis a vuestra disposición en cualquier biblioteca pública valenciana: en ella, además del interés del prólogo, la introducción y el epílogo a cargo de prestigiosos especialistas, es de destacar el trabajo de los autores, que realizan un recorrido actualizado de los viajes de Cavanilles por tierras valencianas, que nos permite establecer comparaciones con estas tierras a finales del siglo XVIII, y que además es todo un lujo visual por las magníficas fotografías de Francesc Jarque –en las de Alcublas merece ser destacada la imagen tomada en Los Molinos, todo un alarde de síntesis, y sin duda una imagen que pretendía denunciar el “imperio” de hormigón y cemento en el Cerro de Los Molinos.
Y por supuesto no leáis sólo lo relacionado con Alcublas: es un libro que os sorprenderá…






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