13/01/2012

EL DÍA DE LAS CORRIDAS DE SAN ANTÓN EN EL AÑO 1917

LAS CORRIDAS DE SAN ANTÓN EN EL AÑO 1917

Al igual que ya hicimos el día de los Santos Inocentes, queremos hoy presentaros el testimonio que sobre las Corridas de San Antón nos dejó José Alegre, secretario municipal en el año 1917. En su Historia de Alcublas, que podemos consultar en el Repositori de la Universitat Jaume I de Castelló, describe detalladamente el ambiente especial de este día festivo.

De nuevo nos encontramos con una información de gran interés sobre nuestro pasado y de nuevo queremos llamar la atención sobre la importancia de que los documentos antiguos se conserven en el Archivo Municipal, auténtica reserva de nuestra memoria como pueblo.

Esperamos que la disfrutéis tanto como nosotros y que su lectura nos sirva de magnífico preámbulo a las fiestas de este 2012.

 LAS CORRIDAS



Es el dia 19 de Enero, el mes más curdo del año, frío siempre, a veces son nieves que blanquean los montes, otras son el impetuoso y tenaz viento regañón que brama entre los edificios. Es el final de las festividades al titular San Antonio de Abad. Es el día destinado a sufragio de las almas y para diversión de los vivos con las carreras y …… cohetes sueltos.

Antes de amanecer doblan las campanas tocando el patético y quejumbroso sonido fúnebre, y parecen más tristes sus sonidos al romper las capas del silencio de la noche. Presurosa acude la gente a la Iglesia para oir el último sermón del predicador forastero.

En los bancos del presbiterio, los concejales con sus capas. En el centro de la nave, un túmulo se levanta con las negras bayetas circundado de gruesos blandones encendidos. Y el templo todo rebosa de gente. El frío de la mañana se ha enroscado en las gargantas de los fieles, que no cesan de toser, toser hasta formar un coro de toses que obligan a interrumpir el sermón.

A las 8 de la mañana, el frío es intenso, el sol apenas calienta. Es la hora de partir el predicador. Las campanas al vuelo así lo anuncian. Acuden presurosos los vecinos a la plaza del cura. La música deja oír las notas del alegre pasodoble. La comitiva se pone en marcha; delante el predicador, el clero, los concejales y una apiñada multitud que sigue y de todas vocascalles vá afluyendo personal que vitorea al Padre predicador. En las afueras un carruaje espera; los vivas se repiten, la música no cesa de soltar notas, los apretones de manos de despedida se prodigan y la diligencia se aleja veloz en medio de aquel entusiasmo.

III

Camino de la Cava, van los concejales con los pollos para premiar a los vencedores en la carrera, y una avalancha de gente sigue en pos de la banda de música.

La carrera de la Cava, sirve de hipódromo a las carreras. A ambos lados, sobre los alterones del terreno y de los estercoleros, que no faltan en este sitio, apilada multitud espera impaciente. Al extremo de abajo en tropel están reunidas las cuadras de ….. mulos y asnos que han de disputarse los pollos.


 No llevan ciertamente estas bestias los nombres de batalla enronzados de landande, Perermillión, ni van dirigidas las cuadras por ningún Siuex, son simplemente bestias de carga, de labranza, que montan y … martirizan sus dueños. En el otro extremo los concejales, es.decir el jurado que rodea numeroso grupo de curiosos. La señal es hecha; los instrumentos de la banda esparcen sus sonidos. La primera cuadra que entra en liza es la de los asnos que castigados despiadadamente por sus jinetes y por algún que otro garrotazo, con que suelen regalarle los espectadores, corren como pueden trompicando a veces al Joquell, que rueda por el suelo cono una pelota en medio de la risotada del público. No falta el gracioso que presenta a su asno lleno de esparavanes y algún sobrehueso y con el costillaje dibujado.

El último número, son las carreras pedestres; primero los hombres, los atletas, corren veloces en busca del ansiado pollo, después las mujeres que también ellas son ansiosas para disputarse el premio que tiene asignado y van por él corriendo, con las faldas medio remangadas.

IV

Retornan al pueblo. Los vencedores llevan en alto los pollos, señal de su victoria. Los otros comentando las carreras.

A la entrada hacen su aparición los cohetes sueltos, con sus infernales bufidos estridentes y secas detonaciones. La dispersión se inicia rápida. Pronto, quedan solo en la calle los valientes, los sin miedo al cohetazo. Rápidamente todo el pueblo se contagia de esta loca y desenfrenada diversión. Las calles ya no son calles, son sucursales del infierno, campo de batalla diabólica. Los cohetes se arrastran con ímpetu por el suelo, barriéndolo, braman cual culebras furiosas, paran como para tomar aliento y vuelven de nuevo a bramar con más estridencia, se remontan veloces, impetuosos por el aire; chocan con las paredes que ennegrecen y estallan en detonaciones potentes. Dijérase que andan sueltas las furias del averno que en turbulenta catarata vomitan rayos por doquier, dejando el olor del humo salitroso de pólvora flotando por la población.
Los miedosos, los que no gustan que les acaricien las chispas de los cohetes permanecen en encierro forzoso en sus domicilios.

V



Orden es dada de que cese esta loca diversión. Las calderas van a ser repartidas a los pobres.

La imprescindible banda de música ameniza el acto. Los concejales, el alcalde, el Cura, el Vicario, todos rodean las calderas cuyo condimento despide el olor apetitoso de comida, cerca un grupo de miseriosos muestran sus platos, sus cazuelas, sus potes, ávidos de su ración.

El cucharón manejado por un Concejal va repartiendo raciones a los pobres que se agolpan queriendo todos a la vez. Allí acuden pordioseros de todas partes y de todas cataduras; se ven cojos, ciegos, niños, jóvenes, viejos, familias enteras que por tradición acuden estos días a pedir. Algunos organizan una especie de ataque a la caldera. Toman su ración, la vacían en otro pote y vuelta a llenar una, dos, cuantas veces pueden.

Termina el reparto, la música hace mutis, que bastante han soplado ya. Los cohetes ¡cómo no! hacen aparición adueñándose del pueblo, hasta que los amantes de esta agradable diversión que sus buenos dineros les cuesta quedan más bien faltos de metal que cansados y con ellos vuelve 1a tranquilidad que había tenido tales andanzas.

11 comentarios:

  1. A eso le llamo yo memoria y testimonio.Vaya redacción del día nos ha dejado el tal D.José.
    Mucho cohete suelto,mulos,burros,corredores y corredoras,eso sí, en aquellos años,todos del pueblo,entonces sí que había gente,no como ahora que ni para llevar las andas quedamos.Al final sin procesión nos quedaremos,a dos velas.

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  2. mañana saldré del anonimatoJan 13, 2012 09:25 AM

    Esta claro que los cucharones y otras cosas de untar las han utilizado siempre los concejales,en este caso para darselo a los pobres de entonces,racionando,ahora creo que atacaremos la caldera como entonces.

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  3. Uno de menos ,dos de febreroJan 13, 2012 10:22 AM

    Yo veré la mitad de la fiesta,y aún gracias,que quiere decir que trabajo,sigo pensando que muchos nos perdemos estas fiestas,con la gente que debía haber en aquel entonces,en fin ya no se si será un despilfarro,tantos días para tan pocos.

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  4. ¡Cuanto te quiero sacañetero!
    Ahora mucho,mucho,muchísimo.
    Antes de lejos y con puntos y a partes.

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  5. Hoy phollo ,mañana phatatas

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  6. Dijérase que andan sueltas las furias del averno que en turbulenta catarata vomitan rayos por doquier, dejando el olor del humo salitroso de pólvora flotando por la población.

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  7. Que cosas tiene la vida.Pero habrá que actualizar la fiesta a los tiempos.Fijaros,por aquellos años,muchas gentes,pocos pollos pero de corral ,sanos y buenos,en la actualidad,poca gente y muchos pollos,casi para todos, pero de Mercadona o Consum. Siempre toca, cuando no un pito una pelota. Bueno hasta el pasado año,puede que la crisis también afecte a las corridas.

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  8. Muy alegre no parece,da hasta escalofríos y con la temperatura que hace en la hoguera todos arrejuntaos y la olla y el chocolate calentitos.
    pero hay que dar las gracias a las cocineras y a los que hacen posible la fiesta.

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  9. ¿A los desenchufaos se la darán darán fría?

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  10. La caldera la hacía el Ayuntamiento,la repartían para los pobres de la localidad y de las vecinas.También os digo que había particulares que ofrecían una caldera,por algún motivo muy especial para su familia.
    Este trozo de tradición si se ha sabido mantener y actualizarla a los tiempos actuales, no así como otras de la que estamos a años luz,de lo que se debiera hacer.

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